Los caminos que se abren en períodos de cambios laborales

Los períodos de cambio siempre se han caracterizado por constituirse en momentos contradictorios: desde una perspectiva, generan un prurito especial por lo nuevo, una alegre expectativa ante las cosas que pueden mejorar, pero también -desde otra mirada- producen incertidumbre y miedo a lo que viene.  ¿Será para mejor? ¿No estaré mucho mejor ahora que después?, son sólo algunas de las dudas que comienzan a surgir.

La clave, y también lo difícil, es mantener una actitud de equilibrio entre ambas reacciones. La idea no es exagerar las expectativas, pero tampoco minimizar las incertidumbres. Ni tampoco exagerar las incertidumbres y minimizar las expectativas. Sobre todo cuando en esos cambios las personas no tienen posibilidad de influir, sino que sólo de ser parte de ellos.

Si  bien la ecuación es compleja, expertos han señalado que es posible. “Todo depende de cómo reaccione cada persona. En cualquier grupo de trabajo habrá gente que se lo tome como una tragedia y explotará y otros se protegerán detrás de una coraza. Ambas situaciones generan un clima en los equipos que, a veces, es más dañino que el propio cambio que se está enfrentando.

UNA PERSPECTIVA INFORMADA

Por eso, es muy importante que en los grupos exista el liderazgo personificado en un  jefe o un líder informal que pueda contener toda esta tensión emocional, por un lado, y  entregar claridad respecto a ciertos propósitos y prioridades para el grupo, por otro. Lo difícil es que en tales situaciones muchas veces el jefe también se encuentra afectado por la situación de cambio y no puede ejercer este rol”, nos comenta una psicóloga.

Está claro que en el ámbito laboral todo lo que se relacione a fusiones, modificaciones de directorios, reducciones de personal o variaciones en los modelos administrativos genera repercusiones psicológicas importantes en los trabajadores.

Lo natural es preocuparse. Sin embargo, existe un amplio consenso en la psicología laboral en torno a que el mejor camino es analizar la situación desde una perspectiva informada y, sobre todo, adaptativa a las variaciones que vienen. De esta forma es posible desarrollar más posibilidades para enfrentar los nuevos desafíos y comprender dónde es necesario poner el acento durante el desempeño de las tareas encomendadas.

Se recomienda que estar abierto a las modificaciones y ser paciente son actitudes básicas que ayudan a comprender mejor el rumbo que toma la organización, el sentido del trabajo que se realiza y el rol que se ocupa dentro de la empresa. Hay que informarse, preguntar y escuchar atentamente las noticias de fuentes fidedignas en torno a las variaciones que se avecinan.

DUDAS DESPEJADAS

Más que resistir el cambio, hay que saber analizarlo con calma y eficiencia, de manera de reconocer sus pros y sus contras. En ese sentido también resulta importante reforzar el conocimiento de aquellas áreas que pueden ser importantes durante el proceso que viene.

“Si bien la sensación de falta de control también es subjetiva, puede ser minimizada si te informas de los cambios que vienen, te atreves a hacer preguntas, compartes tus preocupaciones con otros y aprendes de sus experiencias. Otro factor importante es distraerse y hacer cosas totalmente distintas cuando sales dela oficina. Lopeor en estos casos es la negación o tomar las cosas de manera exagerada. Hay que estar conectado en un grado adecuado con lo que sucede”, nos subraya la experta.

La profesional también destaca el rol de las comunicaciones al interior de la empresa. “Las comunicaciones –dice- son muy importantes en estos procesos de cambio ya que deben responder a las inquietudes de las personas y a lo que quiere informarla administración. Esfundamental que la gente sienta que sus dudas son despejadas y, en ese sentido, la claridad de la información es fundamental. Lo ideal es que sea un puente entre ambos segmentos”.

EL INSTANTE JUSTO

En términos más prácticos, existe una variedad de consejos en torno a qué hacer. La psicología laboral coincide en que cualquier cambio manifiesta etapas de reorganización y transición antes de estabilizarse en la situación definitiva, proceso en el que se producen ajustes y desbalances que todos en la organización deben sortear. La dirección fuerte y clara ayuda, transitoriamente, a orientar el trabajo inmediato. No obstante ello, en equipos experimentados la colaboración y reflexión conjunta ayuda a encontrar los mejores caminos y opciones donde el jefe debe apoyar la generación de estas instancias.

“Es probable que la carga laboral se altere o se modifiquen las responsabilidades. El consejo es estar más flexible y abierto a tolerar estas situaciones, buscar fórmulas para aliviar la tensión y estar dispuesto a plantear abiertamente las preocupaciones e inquietudes. Así, adaptarse al nuevo escenario resultará claramente menos traumático”, agrega la psicóloga.

El asunto principal, en todo caso, se centra en que -especialmente en este tipo de circunstancias- resultan inútiles los excesos. Es decir, pre o des preocuparse en demasía agota todos los mecanismos eficientes. La opción es reunir información y analizar los perfiles posibles de mejorar, cambiar o subrayar ante el nuevo contexto que se avecina.

En la mitología griega el concepto “kairós” hacía referencia al tiempo existencial que se enfrentaba a “kronos”, que era el tiempo medible, el que avanza y se calcula. “Kairós” era más bien el sentimiento de estar en un momento justo y oportuno, un instante adecuado para tomar una decisión. Los períodos de cambio implican, precisamente, el desafío de descubrir ese “kairós”. Porque a partir de eso, los caminos empiezan a abrirse.

Ocho claves para tener en cuenta

1. Conversar con personas que han pasado por cambios importantes, poder compartir sus estrategias más útiles, revisar las propias y así aprender de ellas.

2. Informarse de la situación, en qué consiste el cambio.

3. Desde una perspectiva proactiva es muy valioso imaginar distintos escenarios y formular acciones para cada uno.

4. Si es jefe esté atento a ampliar su capacidad de escucha y permita que se planteen preguntas, entregue claridad dentro de lo que sabe.

5. Distraerse en otras actividades. Hacer relajación, meditar, hacer deportes  y cualquier hobby de interés personal que sirva de recreación y satisfacción personal.

6. Realizar una reflexión personal de las propias capacidades, habilidades, aspiraciones y valores. Saber que quiero y que puedo aportar y hasta donde estoy dispuesto.

7. Abrirse emocionalmente a lo nuevo. Aceptar la tensión y la incertidumbre como una adrenalina positiva.

8. Continúe trabajando con dedicación y responsabilidad. El trabajo siempre dignifica.

 (Barefca Abusleme/ Claudio Pereda)

 

 

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